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VISCERAL

Si te dijera que sentí dolor, mentiría.
Más bien fueron, de repente, unas intensas ganas de vomitar.
Aparecieron un día y aún siguen aquí. Preexisten a todo.
A mi conciencia por las mañanas y al sol. 

Desde que se activaron no han dejado ni un segundo de jadear en mi estómago, se nutren de mi propia energía. Ni siquiera descansan por las noches, no me dan un respiro. En su lugar, revuelven mis sueños y se dedican a subir y bajar por el ascensor de mi tráquea marcando con llaves las paredes y el espejo, velando con spray los halógenos de mi garganta. Caníbales adolescentes, exhuman mis miedos más desconocidos y los coronan con tu cara, que en realidad ya ni reconozco, aunque aún la asocio con sorprendente firmeza a lo que recuerdo que fuiste. Tu forma, tu sitio y tu voz, el tipo de vida que imagino que llevas y unos valores que me empeño en añadirte a pesar de que sé que nunca estuviste a la altura. 

Luego, durante el día, el malestar asciende y coloniza lo que ahora soy, ese concepto turbio de lo que podría ser o incluso haber sido, que se sienta ocho horas frente a una pantalla de ordenador y piensa, piensa sin descanso en la lista interminable de motivos por los que casi. Por los que no. Por los que apenas, contra, pero, es que, bueno. Mejor no. 

Y espero pacientemente, pero nada. Aún no se disuelven estas náuseas malditas que proceden de un lugar próximo a ti, que se cuelan en los rincones contiguos a mi mandíbula… Y te aseguro que no, no tienes ni idea de lo difícil que resulta centrarme y levantar cabeza con ese regusto a medicamento viejo en el fondo de la boca y una nube de humo perenne justo entre las sienes. Humo, eso es. Humo grisáceo y denso como de mil fábricas devastadas. Humo reseco, sombrío, que no esparcirá. Humo sin más posibilidades, que no me deja ver ni oír ni oler ni sentir nada más que angustia. 

Soy el desenlace tardío de un disparo por la espalda, bang. La figura que a cámara lenta se precipita al suelo ante el gatillo enrabietado aún caliente, que estás muy orgulloso de haber cargado contra mí. 

Yo, la forma explícita de unos órganos de carne; carne y tejidos latentes al unísono. Un cuerpo. Litros y litros de sangre, la misma sangre de siempre.
La mujer hecha pulsión.
Una existencia extraña más en la sucia capital de un país ajeno.

#ele #hastaenprosa


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